Siempre es inspirador y emotivo escuchar, encontrarse, ver y enterarse de historias de gente real que rompe con la lógica estructural de la vida impuesta y se lanza a llenar esos vacíos que el solo sentido humano hace posible que estén dentro de uno. Es algo que muchos no terminan de entender y tildan de innecesario, pero que también celebran y ponderan cuando sale a la luz algún que otro caso con los buenos resultados ya obtenidos. Y claro que rápidamente parece inentendible porque en la mayoría de estos ejemplos, valga en todos sentidos de la palabra, sus protagonistas abandonaron “porque sí” su comodidad o estabilidad cotidiana para regalarle tiempo a otro/s y sin ningún rédito monetario, lo cual puede ser considerado una gran locura en los tiempos que corren.
Existen grupos de narración oral como el “Cuentacuentos”, compuesto por quienes para todo el mundo son comerciantes, docentes y licenciados, pero que en realidad, para ellos mismos y para los que se sientan con todos los sentidos clavados en ellos son, primeramente, “regaladores de historias”.
Qué lindo fue ver esas muchas caritas iluminadas con sonrisas mirando al frente cuando ingresamos la mañana de la fecha asignada al Auditorio de la Casa del Obispo Mercadillo. Llegamos en el medio de la escucha atentísima que los pequeños del público prestaban a una Cuentacuentos que narraba entusiásticamente la historia de un salmón y un gorrión. Lo más silenciosamente posible, pasamos por el costado para no distraer a nadie y nos sentamos atrás de todo. Puedo decir que enseguida nuestras miradas fueron atrapadas también. Personalmente, no estaba seguro de quienes eran los adultos que se encontraban en escena, no sé si mi grupo tenía la misma incertidumbre. Al cuentito de estos animalitos, le siguió un tenebroso relato sobre el encuentro de un niño con pumas en una caverna en el campo que pronunció esta vez el único varón del grupo narrador. Cada vez que se escuchaba el rugido de un puma, el silencio se hacía agudo por un segundito y después comenzaban los murmullos de voces blancas temblorosas. A continuación fue el turno de la música. Otra de las integrantes de Cuentacuentos cantó una bonita letra mientras tocaba la guitarra, y los chicos respondieron fervientemente con risas y el estribillo a los gritos. Por un momento, me olvidé para qué había ido. Me había dejado cautivar por todo el espectáculo y el vívido clima que se había generado. Le siguió a esto el cuento de terror de la mañana. Estando ahí presente pensaba qué imágenes pasarán por las mentes de los gurisitos esos que hacen que sus rostros y sus cuerpos se vean tan libres. El último gran número fue la historia de una pareja que vivía en el campo con sus animales y su huerta, en la que participaron absolutamente todos los chicos presentes en el rol de los distintos bichitos y “todos los ratoncitos del mundo”, ayudándose a tironear entre todos para poder arrancar una zanahoria de la huerta para hacer una sopa. Se escucharon carcajadas espectaculares. Los escolares salieron con una sonrisa grandísima, y cualquiera apostaría que cada uno de ellos al día de hoy se acuerda qué animal era mientras trataba de arrancar la zanahoria.
Nos acercamos adelante y pedimos permiso para entrevistar a los miembros del grupo, ya sabiendo que nos estábamos por encontrar con respuestas de alto contenido humano. Sus gestos de cansancio físico mezclado con semblantes tranquilos y una leve sonrisa dibujada hablaban. Se podía ver clarísimamente su satisfacción interior. A medida que las preguntas iban siendo contestadas, íbamos descubriendo y entendiendo el porqué de todo esto. Se explayaban en cada una de las respuestas y los tres que estaban siendo interrogados intervenían en cada pregunta. Se entusiasmaban al responder. La gente se entusiasma cuando explica algo importante. Querían que comprendiéramos por qué se dedican a ajustar sus agendas cargadas de rutinas agregando a los horarios de siempre todavía algo más, que es contar cuentos a la gente, a grandes y a chicos. No les importan los incómodos malabares que tengan que hacer con horarios y personas para no desatender los asuntos que les dan de comer. Lo cierto es que hacen eso para poder atender el asunto que los hace vivir. Nos explicaron sus preocupaciones acerca de los chicos y sus deseos de hacer vibrar su imaginación con cuentos, y alejarlos aunque sea un poco de las sobrecargas de todos los días de todo el entorno sistemático. “Ustedes no se imaginan el lazo afectivo que se crea”, nos decían. También nos contaron que la narración oral permite lograr lo mismo con los adultos. Y nos comentaron por qué narran, cuentan y no leen… el motivo es que hay que rescatar la oralidad como sea porque se está perdiendo.
En esta pasada Feria del Libro, nos hemos encontrado con uno de los muchos ejemplos que andan rondando, mostrando que vale la pena buscar la manera y lanzarse a realizarse como persona siguiendo al alma, que al fin y al cabo, es lo más importante de todo.

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